El misterio resuelto de las joyas de Zita de Borbón-Parma: Un tesoro imperial emerge en Canadá tras un siglo oculto

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La última emperatriz de Austria y reina de Hungría, Zita de Borbón-Parma, logró salvaguardar una parte invaluable del tesoro de los Habsburgo que se creía perdido durante décadas. Estas joyas, envueltas en un halo de misterio durante un siglo, han reaparecido recientemente en Canadá, revelando una historia de exilio y preservación familiar.

Tras la disolución del Imperio austrohúngaro al final de la Primera Guerra Mundial en 1918, la familia imperial se enfrentó a un futuro incierto en el exilio. Consciente del valor histórico y material del tesoro familiar, el emperador Carlos I decidió poner a salvo las piezas más preciadas. Fue su esposa, la emperatriz Zita, quien asumió la responsabilidad de llevar consigo un cofre que contenía una selección de las joyas privadas cuando la pareja inició su viaje al exilio, primero a Suiza y luego a la isla de Madeira, donde el emperador falleció.

Un siglo en una bóveda canadiense

El periplo de las joyas fue tan dramático como la caída del imperio que representaban. Para proteger la colección de los turbulentos acontecimientos políticos que asolaron Europa, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, se tomó la decisión secreta de trasladar las joyas a Canadá. Allí, lejos del alcance de conflictos y regímenes cambiantes, el cofre permaneció oculto en la bóveda de un banco canadiense, específicamente en la provincia francófona de Quebec, durante aproximadamente 100 años, como fue la voluntad de Zita. El secreto se mantuvo fielmente hasta este año, cuando la familia decidió abrir el cofre y confirmar que, efectivamente, contenía el tesoro imperial perdido.

Venera del Toisón de Oro del Emperador Carlos I

La reaparición y las piezas encontradas

El misterio que rodeaba el paradero de estas joyas llegó a su fin a finales de 2025 (fecha de la noticia). Los descendientes directos de Carlos y Zita decidieron revelar públicamente que el tesoro había permanecido intacto y a salvo en Canadá todo este tiempo.

La colección encontrada incluye aproximadamente 16 piezas históricas del tesoro imperial, si bien la familia no ha revelado un inventario público completo. Las piezas clave confirmadas en la colección incluyen:

  • El Diamante Florentino: Un legendario diamante amarillo de gran tamaño y fama, de 137 quilates, que formaba parte del tesoro de la corona de los Habsburgo y se creía perdido durante décadas.
  • Una venera del Toisón de Oro engastada en diamantes — la misma que llevó el emperador en su capilla ardiente.
  • Un reloj tallado en una esmeralda en forma de pera — montado con esmeraldas y diamantes, arte de joyería fina.
  • Varios alfileres para sombrero decorados con rubíes, esmeraldas y diamantes.
  • Otras piezas compuestas por zafiros amarillos con diamantes de talla antigua, un conjunto en tres partes.
  • Un lazo de cuatro partes con rubíes, esmeraldas y diamantes, posiblemente un adorno ceremonial.
Una de las piezas encontradas es el Diamante Florentino, de 137 quilates / Foto: A.E.Köchert

La reaparición de las joyas de Zita de Borbón-Parma no solo es un acontecimiento para el mundo de la joyería, sino también un capítulo fascinante en la historia europea. Gracias a la discreción y determinación de la última emperatriz, este tesoro imperial ha sobrevivido al exilio y a un siglo de historia convulsa, llegando intacto hasta nuestros días para ser finalmente exhibido al público.

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