El ‘Huevo de Invierno’ de Fabergé fue vendido por 30 millones de dólares

El 2 de diciembre de 2025, la casa Christie’s en Londres registró una de las ventas más espectaculares en la historia del mercado del arte con la subasta del legendario Huevo de Invierno — una exquisita creación de la casa Fabergé — que alcanzó 22,9 millones de libras esterlinas, equivalentes a unos 30,2 millones de dólares, convirtiéndose en la obra de Fabergé más cara jamás vendida en una subasta.
Este objeto, también conocido como Winter Egg, fue encargado en 1913 por el zar Nicolás II de Rusia como regalo de Pascua para su madre, la emperatriz viuda María Fiódorovna, y forma parte de la tradición imperial de los huevos de Fabergé, que consistía en regalar cada año piezas únicas y lujosas a miembros de la familia Romanov.
La estructura del huevo es una maravilla técnica y estética: está tallado en cristal de roca, decorado con más de 4 500 diamantes engastados en platino que forman motivos de copos de nieve, y descansa sobre una base que simula un bloque de hielo derritiéndose. Al abrirse, revela una delicada canasta de platino con flores de cuarzo blanco, una “sorpresa” típica de los huevos imperiales que simboliza la llegada de la primavera.

La subasta no solo superó ampliamente la estimación previa de Christie’s — que esperaba un precio superior a 20 millones de libras —, sino que también batió el récord anterior establecido en 2007 por el Huevo Rothschild, vendido ese año por casi 9 millones de libras.
El Huevo de Invierno ha tenido un recorrido histórico fascinante. Tras la revolución rusa de 1917, fue incautado por el gobierno soviético y posteriormente vendido en la década de 1920. Luego pasó por colecciones privadas en Europa y se mantuvo fuera de la mirada pública durante varias décadas hasta que volvió a aparecer en subastas en 1994 en Ginebra y en 2002 en Nueva York, donde también estableció récords para piezas de Fabergé en esos momentos.

Este objeto es uno de los 43 huevos imperiales que han sobrevivido hasta hoy de los aproximadamente 50 creados entre 1885 y 1917 para la familia imperial rusa, la mayoría de los cuales ahora forman parte de colecciones públicas o permanecen ocultos en manos privadas.
La venta en Londres no solo es un acontecimiento económico, sino también un recordatorio de la magnitud histórica y cultural de los huevos de Fabergé, considerados por muchos expertos en arte como piezas maestras del ingenio orfebre.
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